Esta gráfica de Canogar, realizada en 1991, se inscribe en la etapa en la que el artista retoma la figura a través de la iconografía de las cabezas inspiradas en Julio González. Partiendo de una forma muy esquemática, casi una máscara, Canogar no copia a González, sino que reinterpreta sus esculturas para construir un lenguaje propio. El eco del primitivismo y de las máscaras le sirve como vehículo para recuperar la imagen figurada desde una reflexión más profunda sobre la memoria y la tradición de la vanguardia histórica.
En esta obra, la cabeza aparece en solitario, convertida en arquetipo y símbolo, mientras el fondo, dinamizado por gestos, color y contraste, aporta tensión y vitalidad. Es una pieza que sintetiza un momento clave en su evolución: el paso del cuerpo hacia el rostro, de la figura hacia la máscara, como una nueva forma de mirar al exterior y de reinventar su iconografía personal.





