En esta serie, Nadal nos ofrece una representación única de calaveras, donde lo que realmente destaca es su técnica visceral. El artista manipula la pintura con sus manos, arrastrando, raspando y dejando huellas profundas en el soporte de madera. El color, generalmente un elemento accesorio en su obra, adquiere aquí una presencia nueva e impactante con la introducción de tonos morados, verdes y rojos, que se suman a su clásica paleta monocromática de blancos, negros y grises.
Nadal utiliza las calaveras como una metáfora compleja: las islas, al igual que los cráneos, se presentan como contenedores del pensamiento, el espacio físico donde se alberga la mente, pero que no son el pensamiento en sí. De manera similar, la naturaleza no es simplemente la ecología, como la sociedad no es solo sociología, ni la cartografía es el paisaje que describe. Sus calaveras son reflejos de esta dualidad, representaciones de lo que somos y lo que observamos.
Mientras que muchos artistas del minimalismo o el land art llevaron la naturaleza al espacio de la galería o el museo, Guillem Nadal hace lo contrario: trae la naturaleza a esos espacios culturales, pero sin intención de armonizarla con ellos. En sus obras, la naturaleza no solo es representada, sino que se despliega con fuerza, como si fuera ella la que cae sobre las pinturas. Sus calaveras sobre madera reflejan este diálogo constante entre lo humano y lo natural, y ofrecen al espectador una ventana hacia algo mucho más profundo que una mera imagen.






