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Mascarada de sobremesa: el banquete imposible de José Luis Serzo en el MAS

El Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria (MAS) acoge estos días la nueva propuesta de José Luis Serzo, uno de esos proyectos que trascienden lo expositivo para convertirse en experiencia narrativa: Mascarada de sobremesa. Tributo a un incómodo silencio entre Ensor y Solana. Más que una exposición, se trata de una escenificación simbólica donde la historia del arte, la imaginación y la teatralidad convergen en un diálogo tan improbable como sugerente.
Un encuentro que nunca ocurrió (pero debía haber ocurrido)
El punto de partida del proyecto es tan simple como potente: ¿qué habría pasado si James Ensor y José Gutiérrez Solana se hubieran sentado a compartir una sobremesa?
La pregunta surgió en la mente de Serzo durante una visita a la casa-museo de Ensor en Ostende, y desde entonces se transformó en el germen de una investigación visual que desborda los límites del lienzo. Ambos artistas, aunque separados geográficamente, compartieron una sensibilidad afín
hacia lo grotesco, lo carnavalesco y la crítica social. Ensor, con sus máscaras satíricas y su mirada ácida hacia la burguesía; Solana, con sus escenas sombrías y su imaginería de lo popular teñida de inquietud. Serzo no intenta reconstruir un diálogo verbal entre ellos, quizá imposible, sino materializar su silencio.
La mesa como escenario: una alegoría expandida
El núcleo de la exposición se articula en torno a una instalación central: una mesa compartida por ambos pintores, suspendida en un equilibrio precario. Sin patas, sostenida por los propios protagonistas, esta estructura introduce desde el primer momento una tensión física y simbólica.
Sobre ella, un banquete exuberante y perturbador: máscaras, calaveras, diablos, bufones deformes y criaturas híbridas se acumulan como si fueran restos de una celebración ambigua, a medio camino entre lo festivo y lo fúnebre.
Este “manjar de caretas”, como lo define el propio artista, funciona como metáfora de la identidad: lo que se oculta, lo que se revela y lo que permanece en un territorio intermedio. La máscara, elemento central tanto en Ensor como en Solana, se convierte aquí en un lenguaje compartido que trasciende el tiempo.
Entre pintura, escultura e instalación
La exposición no se limita a esta escena principal. A su alrededor, pinturas y dibujos expanden las posibilidades de ese encuentro imaginario, proponiendo variaciones, desdoblamientos y nuevas situaciones. Serzo construye así un universo coherente donde cada pieza actúa como fragmento de un relato mayor.
Su práctica multidisciplinar —que integra pintura, escultura, instalación y narrativa visual— encuentra en este proyecto una de sus formulaciones más completas. El resultado es una especie de dramaturgia total, en la que el espectador no solo observa, sino que se ve implicado en la escena.
Lo carnavalesco como lenguaje crítico
Uno de los aspectos más relevantes de Mascarada de sobremesa es su capacidad para actualizar tradiciones visuales históricas desde una perspectiva contemporánea. El carnaval, lo grotesco y lo esperpéntico no aparecen aquí como meros recursos estéticos, sino como herramientas críticas.
En este sentido, la obra dialoga tanto con las crisis espirituales de finales del siglo XIX como con inquietudes actuales: la construcción de la identidad, la teatralidad social, la ambigüedad entre apariencia y verdad.
Serzo recoge ese legado y lo reinterpreta desde su propio imaginario, profundamente vinculado a lo popular, a lo simbólico y a una cierta fascinación por lo monstruoso entendido como espejo de lo humano.
Un artista en diálogo constante
Nacido en Albacete en 1977, José Luis Serzo ha desarrollado una trayectoria marcada por la creación de grandes relatos expositivos. Su obra se caracteriza por entrelazar referencias a la historia del arte, la literatura y la cultura popular, generando universos donde lo narrativo y lo visual se funden.
Su relación con el MAS no es nueva: a lo largo de los años, el artista ha mantenido un diálogo continuo con la institución y su colección. Esta exposición refuerza ese vínculo, consolidando al museo como un espacio de reflexión donde pasado y presente se cruzan de manera activa.
Una invitación a participar en el silencio
Lejos de ofrecer respuestas cerradas, Mascarada de sobremesa propone al visitante habitar una pregunta. ¿Qué significa ese silencio entre dos artistas? ¿Es incomodidad, complicidad, incomprensión?
Quizá la clave esté en aceptar que ese silencio no es vacío, sino un espacio lleno de resonancias. Un lugar donde convergen tradiciones, imaginarios y tensiones que siguen siendo profundamente contemporáneas.
La exposición se presenta así como una invitación a sentarse en esa mesa suspendida —aunque sea simbólicamente— y formar parte de una conversación que nunca ocurrió, pero que sigue teniendo mucho que decir.