En la obra de Guillem Nadal, el fuego actúa como agente de transformación. Las superficies quemadas revelan las huellas de un proceso en el que la materia cambia, se erosiona y adquiere nuevas formas. A través de este diálogo con los elementos naturales, el artista explora los ciclos de transformación y la capacidad de la naturaleza para generar y renovar sus propias estructuras.
Lejos de una mirada centrada en la ruina o el reciclaje, Nadal entiende estos procesos como parte de una dinámica continua de cambio. El fuego se convierte así en una herramienta para hacer visible aquello que habitualmente permanece oculto: el paso del tiempo, la acción de los elementos y las transformaciones silenciosas de la materia.




