Esta obra en cartón de Matthew Benedict data de finales de los años noventa y nunca ha sido expuesta.
La imagen está basada en una vitrina de cristal que, en su momento, formaba parte del pequeño museo del faro de Currituck Beach, en la costa de Carolina del Norte. Los objetos representados son artefactos de la Primera Guerra Mundial, recuperados de un submarino alemán que patrullaba aquella zona durante el conflicto. La región de Currituck Beach es conocida por la gran cantidad de naufragios que han quedado esparcidos a lo largo de su litoral, algunos de los cuales aún pueden ser explorados por buceadores y practicantes de esnórquel.
En esta obra, Matthew Benedict retoma su interés por la historia de los Estados Unidos, y en particular por todo aquello relacionado con el mar, la navegación y la arqueología náutica. Su aproximación combina documentación histórica con un imaginario visual muy propio, donde lo narrativo, lo misterioso y lo teatral se entrelazan. En este contexto, la vitrina funciona casi como un dispositivo escénico: un contenedor de memoria, un fragmento de historia detenido en el tiempo, reinterpretado desde la sensibilidad plástica y narrativa del artista.





